Si caminas hacia el este por la playa de Brighton (Inglaterra), acabas llegando hasta una roca enorme y negra. Una roca igualita a la que aparece en el logotipo de, eh, Black Rock Studio, responsable de la saga Moto GP y una de las primeras desarrolladoras británicas que huyó de Londres para establecerse en la costa.
Curtidos en los juegos de conducción más adrenalíticos, estos muchachos eran perfectos para que un gigante del entretenimiento confiase en ellos para abrir una nueva página, cansado ya de que los jugadores lo asociasen con productos poco ambiciosos y destinados a rentabilizar sus películas. En otras palabras: Disney Interactive Studios ha contado con Black Rock para empezar a ser tomada en serio. Y lo ha hecho con un producto lo suficientemente ruidoso como para que todos captemos el mensaje.
Diversión y realismo
A simple vista, Pure parece un alumno más de la escuela Motorstorm: un juego de conducción extrema en ambientes naturales que destaca por la sabia manera en que maneja el polvo y la velocidad, esa explosiva mezcla que hace feliz a cualquier amante de las emociones fuertes. La deuda con el título de PlayStation 3 es evidente, pero Pure quiere ser algo distinto: no tanto un juego de carreras como un juego de plataformas, en el que da la casualidad de que el jugador conduce una moto de motocross.
La primera toma de contacto con el juego ya nos deja claro lo que quieren decir sus responsables con lo de conducción + plataformas: para empezar, no hace falta ser un genio del motor para pisar a fondo y empezar a tragar polvo y arena. El sistema es tan intuitivo que no hace falta saber nada acerca de un quad para convertirse en el amo del circuito. Además, Pure no es uno de esos juegos en los que el piloto se ve agobiado por los límites del circuito, sino que hay un increíble margen de libertad para saltar (sí, saltar; las leyes elementales de la física no se aplican en este juego) a rutas alternativas y encontrar nuevos caminos para llegar el primero. Ese es el componente de plataformas que hace de este título una apuesta interesante: el vehículo no es más que una prolongación de un jugador extremadamente ágil y con ganas de explorar.
Es posible que todo esto pueda parecer demasiado fantasioso y poco realista. Los saltos abismales, en los que el tiempo va más lento y nos permite hacer cucamonas en el aire, también lo son. Pero eso no significa que Pure sea un paseo por un universo imposible: el nivel de detalle de los entornos está cerca de lo enfermizo, lo que da como resultado un hiperrealismo asombroso que, por supuesto, hace que desafiar a la muerte sea todavía más disparatado. O sea, que todo parece bastante real... hasta que sentimos el vértigo de ponernos de pie sobre una moto que cae a toda velocidad por una colina interminable. Entonces, es aún más real. Y aún más divertido.
Para ti, que eres joven
Los desarrolladores tienen muy claro que, al ser un producto Disney, Pure debe atraer a jugadores de todas las edades, pero decididamente se han preocupado por conectar más con un sector muy concreto: el de los jóvenes ávidos de emociones. Hay cosas en este título pensadas para agradar (y mucho) a ese mundo de amantes del motocross y los deportes extremos que los muchachos de Black Rock se pasaron meses estudiando durante la fase de preproducción: así, los diferentes personajes jugables (seis más uno sorpresa) representan distintos arquetipos de esa generación de pilotos adolescentes norteamericanos que parece haber nacido ya con el casco puesto, y cuyo aspecto, del lánguido emo de afeminado flequillo bicolor al aprendiz de rapero de patio de escuela, no desentonarían en cualquier perfil de Myspace.
De hecho, estos jugadores son los que le van a sacar el mayor partido a algunas prestaciones de Pure, sobre las que los jugadores que solo queramos un poco de marcha pasaremos de puntillas. Nos referimos a la opción de construir o tunear tu vehículo desde cero (con incontables opciones) o el Pure World Tour, en el que los buscadores de adrenalina de todo el globo podrán demostrar su valía.
En resumen, Disney ha empezado en esto de los juegos originales con una apuesta muy fuerte, pero está por ver hasta qué punto será capaz de contentar a todo el mundo, tal como pretende. Por ahora, podemos afirmar que una de las claves está en la banda sonora: cuando competimos por una peligrosísima montaña de México con las guitarras de Hell de fondo, sabemos que Pure es el equivalente jugable a un disco de Foo Fighters.