martes, 06 de enero de 2009 Buscar

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Portal 2: Still Alive, por John Tones

06/03/2008

John Tones

Portal 2: Still Alive, por John Tones

Uno de los noticiones de la GDC, o al menos eso nos gusta pensar a quienes ubicamos al mayúsculo Portal como uno de los juegazos indiscutibles del año pasado, es el anuncio por parte de Valve de que Portal 2 está en marcha. Fin del comunicado oficial.

Uno de los noticiones de la GDC, o al menos eso nos gusta pensar a quienes ubicamos al mayúsculo Portal como uno de los juegazos indiscutibles del año pasado, es el anuncio por parte de Valve de que Portal 2 está en marcha. Fin del comunicado oficial.

A los fans nos encantan las secuelas. En un submundo como el de los videojuegos, tan industrializado y carente de los prejuicios pseudoartísticos de otros medios, las secuelas han perdido la connotación negativa que tienen en el cine o la literatura, y se contemplan como un modo de seguir ordeñando la vaca con cierta asiduidad, por supuesto, pero también como un modo de potenciar y mejorar títulos que, en primeras encarnaciones, a menudo tienen más de borradores dispuestos a ser explotados a través de tecnologías futuras.

Portal, sin embargo, es un juego especial, y su secuela debería serlo también. Las probabilidades de estropear una obra maestra con la hipertrofia habitual en estos casos son elevadas: las escasas cuatro horas aproximadas que se tarda en recorrer el primer Portal no deberían inflarse a las habitualmente excesivas diez o doce que abundan en el género de los FPS. Ni deberían darnos explicaciones sobre Chell. O sobreexplotar la delirante presencia invisible de GLaDOS. Aciertos inesperados como la increíble canción Still Alive de Jonathan Coulton, que suena en los créditos fi nales y añade una nueva dimensión a toda la trama, son el tipo de elementos que distinguen a un buen juego de un juego perfecto. Y no son fácilmente replicables. Mucho menos superables.

Pero si a algo nos ha acostumbrado Valve es a hacernos esperar lo inesperado. Portal debería convertirse en un sello para juegos modestos, pequeños, inteligentes y sorprendentes. No necesariamente relacionados entre sí. Sólo con la capacidad, como el primer Portal, de poner patas abajo la industria cada vez que salgan.



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