martes, 06 de enero de 2009 Buscar

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Mondo Píxel: A otro con ese fan

09/05/2008

John Tones

Mondo Píxel: A otro con ese fan

Por John Tones.

Si los videojuegos son arte, que yo todavía tengo mis dudas (llamémoslas «matizaciones»), está claro que se trata de un arte de derribo. La abundancia de ideas recicladas, de sagas que se prolongan hasta el infi nito, de explotaciones de éxitos comerciales de otros medios forman el corazón palpitante de la creatividad en los videojuegos, y aquí menos que en ningún otro sitio tenemos problemas con ello. Adictos al reciclaje y la remezcla como somos, nos chifl a que haya un modo de expresión tan desvergonzado y de espíritu tan juvenil que no tema agarrar ideas de prestado y generar nuevos iconos, nuevas modas, nuevos juegos. El arte del reciclado no es un arte menor: el es arte de las artes. Insisto: nos encanta que así sea. ¿Dónde está el problema?

Lo que falla, una vez más, son los fans. Los fans que, de buenas a primeras, se tiran de los pelos ante una idea a priori, desde un punto de vista absolutamente demencial y posmoderno tan irresistible como ese Mortal Kombat Vs. DC que acaba de anunciar Midway. ¿Cómo puede alguien no estar entusiasmado con la idea de que Scorpion y Batman se partan la cara en lo alto del campanario de Gotham City? De acuerdo, tenemos una pega: DC no está dispuesto a que sus personajes se conviertan en asnos poligonales, y no tendremos ni gore ni desmembramientos, pero los fans se quejan porque los héroes de DC deberían de figurar en productos más dignos de su gloria disfrazada, y no en una serie de lucha con fama de subproducto (exclusivamente, ojo, por su gozoso empleo de la violencia extrema). Es decir, fans de productos de reciclaje puros (superhéroes actuales: dícese del trajín conceptual entre los héroes pulp de los cuarenta, la cienciafi cción radioactiva de los cincuenta, la cosa social de los sesenta y la chorrada pura de los ochenta) se quejan de que los hombres disfrazados de murciélago y los dueños de linternas mágicas no tienen vehículos de lucimiento a su altura. Y luego los raros somos nosotros porque nos gusta el God Hand.  

 

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