viernes, 21 de noviembre de 2008 Buscar

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Confesiones de un casual: Rogue Moon

09/05/2008

Nachi Vigalondo

Confesiones de un casual: Rogue Moon

Por Nacho Vigalondo.

Leo la contraportada de una de las novelas de ciencia ficción de la añorada colección de Ultramar. Se trata de El Laberinto de la Luna de Algis Budrys: la tecnología futura permite que nos dupliquemos, manteniendo un contacto psíquico directo con nuestro doble. Nosotros nos quedamos en la Tierra y él es enviado a un terrorífi co y letal laberinto alienígena escondido en la luna con un misterio por resolver. Pero nuestro duplicado, al fallecer, provoca nuestra inmediata locura. Por eso es necesaria la participación de Al Barker, un aventurero que ha conseguido mantenerse cuerdo ante las muerte de sus copias. En otras palabras: el héroe de nuestra aventura puede ser duplicado una y otra vez. Asi su aventura se convierte en una dolorosa oda al ensayo-error. Cada una de sus copias cuenta con la experiencia recogida por las anteriores, y tienen la oportunidad de dar un paso más allá en la resolución.

Algis Bundrys nos regala, desde un temprano 1960, el mayor acercamiento que jamás haya hecho la ficción a la naturaleza del videojuego y a sus usuarios. En su premonitoria fábula, el principal obstáculo a vencer no es el laberinto lunar, sino la capacidad del aventurero original de soportar la terrible presión emocional que supone experimentar la propia muerte una y otra vez. En nuestro plano dimensional: la misión planteada por el videojuego siempre estará supeditada a nuestra capacidad para sobrellevar el destino de nuestros avatares. O sea, la jugabilidad de toda la vida.

 

 

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